lunes, 31 de marzo de 2014

ALEJANDRO LAVORANTE “GUAPO Y VARON”

Lavorante vs Butler
Beneficiado por su excelente altura Alejandro Tomás Lavorante podría haber sido jugador de básquetbol disciplina que alcanzó a desarrollar aunque sin demasiada continuidad en una etapa de su adolescencia cuando medía 1,80 metros.

También podría haber elegido el camino del fútbol actividad que de manera informal solía compartir con sus tres hermanos menores – José María (Pepe), Juan Antonio (Lalo) y Félix Alfredo (además tuvo una hermana Lidia Juana) – en su Godoy Cruz natal donde había llegado a la vida un 25 de octubre de 1936. Sin embargo estimulado por su propio padre que improvisó un gimnasio en la casa donde vivían eligió el rudo deporte de los puños lo que pareció un contrasentido si se tiene en cuenta que tenía un rostro demasiado hermoso para convertirse en boxeador.

Como aficionado en la división pesado empezó a entrenar en 1952 con 16 años de edad bajo la dirección de Diego Corrientes (Diego Rodríguez) en el Club Justo Suárez. En 1953, cuando había cumplido 17, medía 1,94 metros y pesaba 98 kilos, se inició como amateur donde completó 35 peleas de las que ganó 31 (19 por KO) con 4 derrotas.

Además resultó campeón del Torneo Vendimia de Novicios que se había desarrollado en el desaparecido estadio Babilonia. En esa época como en Mendoza no tenía adversarios de su categoría su familia - que constituían su papá Alejandro, su mamá Lidia Ugarte y sus 4 hermanos - se radicó en Rosario para estar más cerca de Buenos Aires lo que posibilitaría que tuviera más chances para combatir.

En esos tiempos también se adjudicó el Campeonato Argentino Amateur. En 1957 ahora con 21 años “El Gringo”, como se lo conocía familiarmente, debió cumplir con el servicio militar obligatorio en el Regimiento de Granaderos a Caballo con asiento en el barrio porteño de Palermo. Se recuerda que Alejandro integró la agrupación Riobamba y que por su porte formó parte del cuerpo que se encargaba de la seguridad de la Casa Rosada.

Hasta apareció en la tapa de la revista Leoplan con su uniforme de granadero mostrando su esbelta figura. Permaneció 14 meses bajo bandera y resultó campeón militar en condición de invicto. Hacia 1958, según contaba su hermano Lalo, aceptó una invitación de su comprovinciano Pascual Pérez para trasladarse a Venezuela a fin de iniciar su carrera como profesional lo que quedó en la nada porque al parecer al llegar le propusieron participar en un negocio poco claro de compra-venta de automóviles.

Igualmente se quedó en Caracas, se empleó en un taller mecánico y comenzó a entrenar en un gimnasio público donde continuaba con su sueño de ser boxeador profesional. Quiso el destino que llegara a ese país invitado para ser árbitro de un certamen de lucha libre el legendario Jack Dempsey, conocido como “El Matador de Manassa” cuando boxeaba, protagonista de aquella histórica pelea del 14-09-1923 en el Polo Grounds de Nueva York en la que el argentino Luis Angel Firpo, famoso como “El Toro Salvaje de las Pampas”, lo tiró abajo del ring.

A.Moore vs. Lavorante

Dempsey quedó impresionado cuando vio hacer guantes a ese gigante blanco y de rasgos tan finos que era Lavorante al que convenció de que debía intentar suerte en los Estados Unidos.

Para ello lo relacionó con Pinky George que residía en Los Angeles quien aceptó manejarlo como manager no muy convencido porque el boxeo no era hasta entonces su ocupación.
Durante su meteórica carrera en la costa occidental de los Estados Unidos, además del “Che Argentino” y de “El pegador Gaucho”, también se lo conoció y promocionó como “El Lindo que Golpea Duro”.

Es que por su tez blanca, espigado físico, su altura, agradable sonrisa, su perfil de muy buen mozo, modales refinados y muy respetuoso, “Alex” como se lo empezó a nombrar en las crónicas de sus peleas, se convirtió en un polo de notable atracción. No solo para el público en general sino también para las mujeres que suspiraban largamente cada vez que aparecía sobre un escenario o cuando era proclamado ganador como ocurría repetidamente.

Se lo vinculó incluso sentimentalmente con la actriz hispano-mexicana Sonia Furió, con la cantante mexicana Analía Mendoza y con las Sister Lennon comparables a las Trillizas de Oro. También Frank Sinatra pretendió contratarlo como “gancho” para algunos de sus sohw en Las Vegas o para que apareciera en papeles cortos en programas de televisión.

Mientras que Los Angeles Times lo elogiaba como un verdadero galán de Hollywood y hasta León Balter, que era el corresponsal de Los Andes en Los Estados Unidos en esos tiempos, se ocupaba de Lavorante en sus notas de la colonia artística. Se cuenta también que la noche del sensacional triunfo sobre Zora Folley más de veinte admiradoras invadieron el cuadrilátero originando una descomunal gresca con la policía en su afán de tocarlo, abrazarlo y besarlo.

Después de su debut como profesional el 23 de septiembre de 1959 en San Antonio, Texas, donde puso KO en el tercer round a Dean Bogany, Lavorante inició una serie de impresionantes triunfos, la gran mayoría por la vía rápida: Garwin Sawyer (KO 2), Andy Isaacs (KO 1), Jake Williman (KO 6) Benny Lee Bowster (KO 3), Charlie Roberts (KO 3), Sherman Goodman (KO 2), Duke Sabedong (KO 2), Tunney Hunsaker (KO 5) y Wayne Wormochil (KO 2). Su presencia provocaba tanta expectativa que llegó a combatir cada 20 días.

En mayo de 1960 fue contratado por el promotor cubano Cuco Conde para enfrentar en La Habana al ídolo local, Reinerio Rey López, quien se encontraba invicto tras 8 peleas al que envió a la lona por toda la cuenta apenas al minuto y medio del primer round. Entre los asistentes a aquella pelea se encontraba Fidel Castro. Hasta que el 11 de mayo de 1961 produjo la más espectacular de todas sus victorias al poner KO en el 7mo. asalto al invicto Zora Folley que comenzaba a sobresalir entre los pesados. A fines de esa temporada fue proclamado el pugilista del año por la Asociación de Periodistas de Boxeo de Los Angeles.

Continua un muy buen 1961 con 6 victorias mas entre ellas pone ko al veterano Calvin Butler en el 2do round el 11 de agosto en el City Auditorium, Omaha, Nebraska, para cerrar ese año con otra victoria por ko ante Von Clay el 29 de diciembre en el Olympic Auditorium, Los Angeles, California.

Cuando en 1962 había ascendido al tercer lugar del ranking mundial de la categoría durante el reinado de Floyd Patterson, detrás de Sonny Liston y Eddie Machen, y cuando se pensaba que Alejandro estaba preparado para el gran salto tras la soñada corona, tres gravísimas derrotas en apenas seis meses mostraron con toda su crueldad la dura realidad en que había caído el mendocino.

En la primera el 03-03-62, en el Sport Arena de Los Angeles, el legendario Archie Moore ex campeón mundial en esa división, toda una leyenda del boxeo que entonces tenía 48 años de edad, lo derrotó por KOT en el 10mo. asalto luego de someterlo a un devastador y demoledor castigo. El 20-06-62, en el mismo escenario, Cassius Clay todavía un desconocido pero que era una figura en ascenso y que con el tiempo se convertiría en el pugilista más grande de todos los tiempos, lo derrotó por KO en el 5to. round.

Hasta que el 21-09-62 en un combate que no debió ser programado porque Lavorante no se había recuperado de las dos palizas anteriores, en el Auditorio Olímpico de Los Angeles, perdió por KO en la 6ta. vuelta ante Johnny Riggins.

Esa noche Alejandro se desplomó para siempre y nunca más volvió a levantarse porque entró en estado de coma y se convirtió durante 17 meses, hasta el momento de su muerte el 1ro. de abril de 1964, en un ser inerte, sin razón y sin conciencia, que solo balbuceaba algunos sonidos con los que parecía indicar: “no”… “mamá”…

Biológicamente vivo, pudiendo cumplir algunas funciones vitales como comer o incorporarse en la cama, pero sumido en una completa oscuridad mental, sordo y mudo. Las crónicas de aquella pelea recuerdan que cuando el árbitro se agachó para ver a Lavorante le levantó un brazo y lo soltó: el brazo se desplomó sobre el piso del ring. Además el boxeador argentino no respondió a las preguntas del protocolo de rigor y debió ser retirado en camilla.

Se evoca también que Riggins, que con posterioridad solo realizó dos peleas más que perdió por KO y que se retiró definitivamente de la actividad, declaró conmovido y preocupado luego de la desgracia: “Alex es un buen muchacho, estoy muy apenado. Espero que Dios pueda cuidar de él”. A los siete meses de la tragedia, cuando ya había sido sometido a tres delicadas operaciones del cerebro sin signos de mejoría, completamente inconsciente, Lavorante fue trasladado a Rosario al ex sanatorio Filibert ubicado  en la calle  Arijón al 5800 donde falleció a las 9.40 del 1ro. de abril de 1964 luego de 17 meses de agonía.

El gimnasio de los Granaderos a Caballo de Buenos Aires lleva el nombre del boxeador mendocino Alejandro Lavorante. A principios de 1957 ingresaba al Regimiento de Granaderos a Caballo ubicado en el barrio de Palermo, Capital Federal. El joven, de por entonces 18 años, se llamaba Alejandro Tomás Lavorante y, de acuerdo a los tres últimos números de su documento, el Servicio Militar Obligatorio le tocaba en ese sitio.De inmediato, su estirpe causó impresión entre los militares de Granaderos. “Esto es un granadero y medio”, dijo una vez Alejandro Agustín Lanusse, por esa época al frente del regimiento y quien poco más de una década más tarde sería presidente de facto de la Argentina.

Durante los 14 meses en los que Alejandro Tomás estuvo en los Granaderos (fue afectado a la agrupación Riobamba), logró el titulo de campeón de box del Ejército con un récord que no fue igualado

El gimnasio Lavorante queda al fondo del inmenso predio de los Granaderos a Caballo, considerado monumento nacional. El gimnasio es de medianas dimensiones y cuenta con los elementos propios para la práctica del box: la bolsa, el punching ball, los espejos para ‘hacer sombra’, las cuerdas y la foto de Alejandro sobre una placa de madera en la que se puede leer su nombre y apellido.

Bibliografia: revista The ring, diarios La prensa, Los andes, El Popular,Libro "personajes de pugilandia",revista El Grafico,datos aportados por Enrique Sanchez.

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